Mientras la pandemia de la COVID-19 afecta a las economías mundiales, los inversores en renta variable dirigen más que nunca su atención hacia la resistencia empresarial. Pero, ¿qué significa resistencia en el contexto actual y qué empresas la tienen?

La pandemia del coronavirus ha agitado los mercados y ha asolado los modelos de negocio de todo el mundo. Una de las consecuencias de la crisis ha sido una renovada atención hacia lo que hace que una empresa sea resistente: desde el volumen de sus deudas hasta la regularidad de sus flujos de ingresos.

Pero la resistencia no es una cualidad estática. Según Mikhail Zverev, director de renta variable mundial de Aviva Investors, la definición de resistente cambiará según las diferentes condiciones de mercado.

“Debemos plantearnos la pregunta: “¿resistente a qué?”, afirma. “Al igual que “calidad”, “resistencia” puede parecer un concepto absoluto, pero depende del contexto”.

Ganadores y perdedores

En el entorno actual, la resistencia de una empresa dependerá de la interacción entre los fundamentales del negocio y la dinámica cambiante de la actividad económica y el comportamiento de los consumidores en medio de graves alteraciones relacionadas con el coronavirus.

En las primeras etapas de la crisis han surgido claros ganadores y perdedores. Con el turismo mundial paralizado, el sector de viajes y ocio (líneas aéreas, hoteles, casinos, cruceros y eventos) se ha visto gravemente afectado. En cambio, las empresas de software se han beneficiado del aumento de la demanda de plataformas de streaming y redes durante el confinamiento.

Aunque no cabría esperar que los inversores predijesen el inicio de la pandemia, deberían haber podido detectar las vulnerabilidades subyacentes en los sectores más afectados. Los viajes y el ocio ya distaban mucho de ser resistentes: a mediados de 2019, un informe de KPMG reveló que casi el 12% de las empresas británicas de este sector podrían clasificarse como empresas “zombi”, con una facturación estática o en descenso, baja rentabilidad, márgenes reducidos, reservas de efectivo limitadas y un elevado apalancamiento.1

Del mismo modo, los productores independientes de petróleo estadounidenses ya eran frágiles antes del reciente colapso de los precios de la energía.

Balances y reservas de efectivo

Las dificultades de estos sectores destacan la importancia de contar con balances sólidos y cargas de deuda manejables. El mercado de valores ha sido especialmente rápido en castigar a las empresas cuya deuda incluye convenios que se activarían por un fuerte descenso de los ingresos, obligándolas a aumentar el capital.

“Si una empresa tiene mucha deuda (especialmente deuda con convenios de pago) y sus ingresos han caído casi a cero, su renta variable habrá tenido un rendimiento extremadamente negativo durante la crisis”, dice Giles Parkinson, gestor de fondos de renta variable mundial de Aviva Investors.

Por el contrario, es más probable que las grandes empresas dominantes puedan mantenerse durante la recesión, ya que tienden a mantener el acceso a los mercados de deuda a precios asequibles, lo que les permite refinanciar los pasivos existentes cuando sea necesario.

Aún más fuertes serán las empresas que han acumulado enormes reservas de efectivo en los últimos años. El gigante tecnológico Apple, por ejemplo, está sentado en una montaña de efectivo de más de 200.000 millones de dólares, lo que significa que debería poder seguir invirtiendo en personal, marketing e iniciativas valiosas de investigación y desarrollo durante la pandemia, con el potencial de adquirir a sus debilitados rivales cuando surja la oportunidad.

En un estudio reciente, se cotejaron los datos sobre los costes de los seguros de deuda de las empresas, los niveles de apalancamiento y las reservas de efectivo para crear una tabla de clasificación de las empresas más resistentes a nivel mundial. Los gigantes tecnológicos y farmacéuticos dominaron la lista.2

Cadenas de suministro: ¿De la eficiencia a la resistencia?

Sin embargo, las empresas necesitan algo más que reservas de efectivo y sólidos balances para sobrevivir a una crisis y los inversores en renta variable están examinando detenidamente el impacto en las cadenas de suministro.

Alistair Way, director de renta variable de países emergentes de Aviva Investors, afirma que es de suma importancia que los inversores supervisen el estado de las cadenas de suministro internacionales dada la gran disparidad en la gravedad de la pandemia (y en las respuestas de los gobiernos a la misma) en diferentes países y regiones.

Way cita a Hon Hai, proveedor de Apple en China, como ejemplo de empresa que se ha asegurado de que su base de clientes esté adecuadamente diversificada. La actividad principal de Hon Hai, el ensamblaje de los iPhones de Apple, puede ser vulnerable si la demanda de aparatos de consumo disminuye. Pero la empresa también fabrica infraestructura de telecomunicaciones, servidores y equipos médicos, gracias al esfuerzo concertado de su equipo directivo para aumentar el alcance de su negocio en los últimos años. “Esta estrategia ahora parece acertada”, dice.

Las empresas con complejas cadenas de suministro siguen lidiando con el impacto inmediato de la pandemia y las implicaciones a largo plazo aún no están claras. Pero es posible que el modelo de cadena de suministro “justo a tiempo”, que se convirtió en la norma durante los años de auge de la globalización, dé paso a un enfoque “por si acaso” más conservador a medida que la pandemia retroceda, mientras las empresas tratan de construir inventarios más grandes para garantizar su resistencia frente a las crisis repentinas.

ESG: La clave para la resistencia empresarial

La atención a los factores medioambientales, sociales y de gobernanza (ESG) es otro componente clave de la resistencia. Ninguna empresa que ignore los riesgos ESG puede considerarse resistente, cuando el cambio climático representa una amenaza existencial inminente para los modelos de negocio en todo el mundo.

Las empresas mejor gestionadas y conscientes de los factores ESG también se habrán mostrado más resistentes a los riesgos específicos asociados a la COVID-19, como las vulnerabilidades en las cadenas de suministro. Esto se debe a que estas empresas tienden a tener una visión más cuidadosa y holística de sus operaciones y de las empresas con las que se asocian, según Jaimie Ramos Martin, gestor de fondos de renta variable mundial de Aviva Investors.

“Las empresas líderes en ESG se centran en la resistencia y sostenibilidad de sus modelos de negocio”, afirma. “Tomemos de ejemplo la gestión de la cadena de suministro: para ser líderes en ESG, las empresas tendrían que entender mejor las huellas de carbono y las prácticas laborales de sus proveedores, lo que las habría preparado para la crisis con la llegada de la COVID-19”.

La evasión fiscal agresiva, las malas relaciones laborales y comunitarias y un historial medioambiental deficiente serán más difíciles de defender en un mundo que ha sufrido las penurias colectivas de la COVID-19; las empresas que han demostrado que están dispuestas a hacer lo correcto tienen más probabilidades de conservar la lealtad de su personal y de sus clientes.

Parkinson afirma que es importante que los inversores en renta variable vigilen este tipo de medidas cualitativas y emprendan acciones para mejorarlas a través del compromiso con los equipos de gestión de empresas, al evaluar la resistencia de sus carteras.

Invertir en el lado correcto del cambio

Un estudio reciente de McKinsey siguió la trayectoria de 1.000 empresas que cotizan en bolsa durante las sucesivas crisis: se comprobó que la capacidad de adaptarse con agilidad a las nuevas condiciones era un rasgo distintivo de las empresas con mejores resultados.3

Esta capacidad de adaptación puede adoptar muchas formas, pero destacan algunos factores recurrentes. En primer lugar, las personas: un personal flexible, capacitado y leal se suma a la adaptabilidad y la resistencia de una empresa. En segundo lugar, la diversificación, tanto en términos de clientes como de cadenas de suministro. En tercer lugar, está el efectivo: disponer de un gran cofre de guerra mejora las posibilidades de una empresa para soportar la presión durante una crisis. El cuarto puesto lo ocupa la cultura: un sólido equipo de gestión abierto al cambio y dispuesto a tomar decisiones difíciles, pero socialmente responsables, puede mejorar significativamente la reputación y los resultados de una empresa. Juntos, estos elementos pueden crear un negocio flexible.

Sin embargo, con cambios tan profundos en la sociedad y el mundo empresarial, inevitables a raíz de la COVID-19, la apertura y la capacidad de cambio podrían influir más que ningún otro factor en la separación de los débiles y los fuertes. Desde el aumento del teletrabajo, pasando por el incremento de la demanda de pagos sin efectivo y equipos médicos de última generación, las empresas resistentes ya estarán pensando en cómo pueden adaptarse y responder.

“Hay que pensar en la resistencia en el contexto del cambio”, dice. “El cambio funciona en ambos sentidos; puede ser una oportunidad o una amenaza. Esto se debe a que el cambio crea ineficacia. Cuando algo está cambiando en un negocio, cuando el futuro no es igual al pasado, es más probable que el mercado lo malinterprete y le asigne un valor erróneo, porque cuando los inversores no pueden seguir extrapolando el pasado, tienen que trabajar más arduamente para llegar a las conclusiones adecuadas”.

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