Alcanzar las cero emisiones netas para 2050 exigirá importantes inyecciones de capital. No obstante, es también una oportunidad para repensar las relaciones sociales, como explica el profesor Nick Robins.

Lea este artículo para comprender:

  • Con qué rapidez se debe invertir el capital para cumplir el objetivo de cero emisiones netas para 2050
  • Cómo las distintas partes interesadas (bancos centrales, entidades reguladoras y propietarios de activos) pueden respaldar la transición
  • Cómo las empresas que atienden las necesidades de las personas y la transferencia de habilidades pueden contribuir a subir de nivel

Se han escrito miles de artículos de prensa sobre la crisis climática y son muchos los países y empresas que han expresado su apoyo a la descarbonización. Sin embargo, escasean los planes detallados y el fracaso de la acción climática constituirá uno de los riesgos más importantes para la economía mundial en los próximos diez años.

Nick Robins, profesor de Práctica de Finanzas Sostenibles en el Instituto de Investigación Grantham sobre el Cambio Climático y el Medio Ambiente, cuenta con años de experiencia en los mercados financieros en el área de compras y ventas y ha asesorado a bancos centrales, administradores de activos y otras instituciones financieras sobre cómo afrontar el reto del nivel cero de emisiones netas.

Hemos hablado con él sobre la escala de capital que se precisa para alcanzar los objetivos de las cero emisiones netas y sobre la necesidad de centrarse en la dimensión humana para garantizar que la transformación económica sea una transición para todos.

¿Cuánto capital se necesita para conseguir las cero emisiones netas para 2050 y con qué rapidez?

El principal mensaje del informe de mitigación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) es que, si queremos lograr el objetivo de 1,5 grados para 2050, las emisiones globales deben alcanzar su punto álgido antes de 2025 y después disminuir algo más del 40 por ciento para 2030. No tenemos mucho tiempo (véase la figura 1).

Figura 1: Consecución de las cero emisiones netas para 2050: se necesitan ya acciones urgentes (GtCO2-eq/año).
Alcanzar las cero emisiones netas para 2050
Nota: * Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional hasta 2030.
Fuente: IPCC, 2022
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Aunque la situación supone un desafío, ahora disponemos de opciones que podemos implementar. Sabemos que el coste de las tecnologías renovables ha disminuido considerablemente y estas se han convertido en el más económico de los nuevos métodos de generación de energía. Junto con otros sectores económicos, los recientes problemas de la cadena de suministro han influido en la implantación de las energías renovables. Pero, debido a la creciente crisis de materias primas, agravada por la invasión rusa de Ucrania, la seguridad energética se ha sumado al problema del clima con el fin de reducir la demanda de energía y eliminar gradualmente los combustibles fósiles.

Para llevar a cabo este cambio, hace falta aumentar de manera significativa la inversión de capital en la economía real en esta década. A escala global, el IPCC señala la necesidad de incrementar la inversión entre tres y seis veces y de hacer recaer el grueso de los fondos en las economías emergentes y en desarrollo. El sur de Asia, por ejemplo, debe aumentar la inversión entre siete y dieciséis veces para el final de la década. La eficiencia energética es el área donde más capital se precisa, pero es en la agricultura sostenible y en el uso de la tierra donde se necesitará el crecimiento más rápido, con una base de partida baja (véase la figura 2).

Figura 2: Conexión del ahorro con las necesidades de la economía real (en miles de millones de USD)
Conexión del ahorro con las necesidades de la economía real
Nota: Flujos anuales reales comparados con las necesidades anuales medias (año 20151).
Fuente: IPCC, 2022
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Este patrón se repite en el Reino Unido. Como conclusión del informe "The Road to Net-Zero Finance" que elaboramos para el Comité de Cambio Climático, se estima que es necesario quintuplicar la inversión anual en cero emisiones netas y pasar de unos 10 000 millones de libras esterlinas a 50 000 millones para 2030. Otro aspecto de este incremento es que las inversiones para lograr el nivel cero de emisiones netas alcanzarán su punto álgido en torno a 2035. Es lógico: primero hay que invertir para lograr reducir las emisiones y después empezar a liquidar los activos obsoletos.

Tenemos que pensar en la sostenibilidad de los combustibles fósiles desde dos puntos de vista, no solo en relación con las emisiones que se crean

Tenemos que pensar en la sostenibilidad de los combustibles fósiles desde dos puntos de vista: no solo en cuanto a las emisiones que se crean, sino también en lo que respecta a los riesgos geopolíticos inherentes que surgen del hecho de depender de fuentes de energía no renovables.

A medida que se avance en la transición, esta inversión contribuirá a reducir el daño desde una perspectiva mundial, pero también debería comportar otros beneficios. Vemos margen para recortar enormemente los costes operativos en muchos sectores, en particular los de la energía utilizada para el transporte, la vivienda y la industria. Así, se obtendrán mayores beneficios que quizá no se están valorando, en forma de mejoras en la salud de la población y de aumento de la resiliencia de la economía.

En resumen, la inversión en cero emisiones netas mejorará la productividad para comienzos de la década de 2030. Esto supondrá un positivo neto para el crecimiento de la economía, dado que el capital se redirige desde las importaciones de recursos extranjeros a la inversión en habilidades, tecnología e infraestructura del Reino Unido. La tarea que tenemos por delante es determinar cómo los inversores pueden conectar los fondos de capital que gestionan con estas necesidades de la economía real.

Usted resaltaba la necesidad de un gran cambio en términos de inversión, principalmente en países en desarrollo, en un momento en que la globalización está retrocediendo y los países desarrollados se enfrentan a restricciones en las cuentas públicas. ¿Hasta qué punto es probable que se produzca?

La gran diferencia ahora en comparación con hace cinco años es que una fracción importante del capital global se ha destinado a alcanzar el nivel cero de emisiones netas. Contamos con la alianza Glasgow Finance Alliance for Net Zero, lo que significa que quienes controlan en torno al 40 por ciento de los activos financieros a través de bancos, aseguradoras y administradores de activos se han comprometido a alcanzar las cero emisiones netas antes de 2050. Por supuesto, las promesas son una cosa y los hechos, otra.

Una de las prioridades de las finanzas sostenibles es que todas las empresas financieras publiquen planes creíbles de transición al cero neto de emisiones

Por este motivo, una de las principales prioridades de las finanzas sostenibles para el año próximo es que estas 500 empresas líderes, y en última instancia, todas las empresas financieras, publiquen planes creíbles de transición hacia el cero neto de emisiones. Posteriormente, estos planes deberían orientar su asignación de capital en todas las clases de activos, canalizar el compromiso con las empresas que poseen y enmarcar el diálogo que los inversores, entre otros, mantienen con los gobiernos para lograr los marcos normativos adecuados.

Hay que llenar el enorme vacío que supone la falta de financiación pública puntera para crear nuevos mercados y reducir los riesgos de inversión, en especial en los países en desarrollo. Se necesita mucho más capital de creación de mercado de carácter concesional, particularmente en las economías emergentes, para construir la cartera. Lamentablemente, la realidad hasta el momento es que muchos países industrializados no han logrado cumplir sus compromisos de financiación climática, y ahora se nos presenta el reto de tener que afrontar las consecuencias de la guerra entre Rusia y Ucrania.

Se debe aprobar este año un paquete financiero integral que impulse una recuperación liderada por la inversión tanto de la COVID como de la crisis geopolítica a la que nos enfrentamos. A escala global, esto significa que los bancos de desarrollo deben redoblar sus esfuerzos de inversión climática y, en lo que respecta al Reino Unido, significa la intervención del Banco de Infraestructuras de Reino Unido y del Banco de Negocios británico para respaldar la inversión sostenible a largo plazo, a medida que la confianza empresarial disminuya ante la crisis en torno al coste de la vida. 

¿Qué sucede con la transición justa, es decir, con garantizar que se compartan los beneficios del cambio?

Este asunto está engrosando rápidamente la agenda de inversiones. Necesitamos pensar en la dimensión humana del cero neto de emisiones y dejar de pensar en silos ambientales y sociales. Si lográsemos integrar todo esto, la transición climática podría ser algo grande para la economía global.

Habrá más empleo en una economía de cero emisiones netas que en la economía de combustibles fósiles, pero el cambio también acarreará la pérdida de puestos de trabajo

La transición energética está destinada a ser tremendamente positiva. Creemos que habrá más empleo en una economía de cero emisiones netas que en la economía de combustibles fósiles, lo que equivale a cerca de 30 millones de nuevos puestos de trabajo para 2030. Pero sabemos que el cambio también implicará la pérdida de empleos (unos cinco millones a finales de la década), que se concentrará en sectores y lugares concretos. La clave para la transición justa es garantizar que estas personas y comunidades no se queden al margen y que los nuevos empleos en la economía verde respeten los derechos humanos y ofrezcan trabajo decente.

Figura 3: Gestión de oportunidades sociales y riesgos de pérdidas: transición justa y Objetivos de Desarrollo Sostenible

Gestión de oportunidades sociales y riesgos de pérdidas

Fuente: Instituto de Investigación Grantham sobre el Cambio Climático y el Medio Ambiente, diciembre de 20183.

Si el proceso se gestiona de manera deficiente, no solo habrá activos varados en las carteras, sino que también habrá trabajadores, comunidades y países potencialmente varados. Es evidente que esto podría debilitar el apoyo público a la acción climática.

En el caso de los inversores, lo correcto es respaldar la transición justa mediante la aplicación de estándares laborales y de derechos humanos duraderos (aunque a menudo poco eficaces) para lograr una economía verde. Se trata de comprender el impacto sobre las personas, de involucrar a los afectados por el cambio en las decisiones y, a continuación, de pensar en las dimensiones en función del lugar. En el Reino Unido, por ejemplo, ¿qué significará esto para Escocia, que depende históricamente del petróleo y el gas, pero que también cuenta con enormes oportunidades en la economía basada en energías renovables marinas?

Habrá trabajadores varados, comunidades varadas y países potencialmente varados

Es asimismo lo más inteligente que pueden hacer los inversores, ya que significa garantizar que las empresas hayan analizado los riesgos sociales y las oportunidades que las cero emisiones netas suponen para sus trabajadores, cadenas de suministro, comunidades y consumidores. Existe cada vez mayor número de inversores que empiezan a incorporar principios de transición justa a su compromiso climático con las empresas, y ya surgen los primeros resultados.

En el Reino Unido, la empresa proveedora de energía SSE se convirtió en la primera de un número creciente de empresas en definir una estrategia de transición justa, en parte como respuesta al compromiso de los inversores. Las empresas que aborden esto deberían realizar inversiones más resilientes con las habilidades y capacidades necesarias si quieren lograr las cero emisiones netas.

¿Hay muchas innovaciones en materia de inversión con el fin de alcanzar objetivos sociales específicos?

Los bonos son idóneos para vincular las dimensiones verde y social de la transición al cero neto de emisiones. Cada vez más empresas y países emiten bonos verdes y sociales vinculados a la sostenibilidad.

En el Reino Unido, hemos propuesto lo que denominamos un marco ‘Green Plus’

En Reino Unido, hemos propuesto lo que denominamos un marco ‘Green Plus’, por medio del cual el gobierno emitiría un bono soberano verde, pero incorporaría también de manera consciente factores sociales en la forma en que se gastan los ingresos. Cuando el ministro de Hacienda anunció el programa de bonos soberanos verdes el año pasado, se comprometió a informar sobre estos beneficios sociales en términos de puestos de trabajo y beneficios comunitarios. Los emisores corporativos podrían adoptar igualmente este modelo; por ejemplo, mostrando las cifras de empleo y otros efectos derivados de la inversión en infraestructuras renovables o de la rehabilitación de edificios.

De manera más general, a la hora de evaluar el riesgo soberano, los inversores también deben tener en cuenta los planes de cero emisiones netas de cada país, su estrategia de transición justa y la exposición a efectos físicos. Esto incluirá analizar de qué manera la renuncia al uso de combustibles fósiles afectará al sistema fiscal de un país.

¿Qué implicaciones tendría en la transición justa fijar un precio más alto para las emisiones de carbono?

Actualmente, hay deficiencias de mercado, por lo que una forma obvia de solucionar esto es establecer un precio por el daño causado por las emisiones de carbono. No obstante, en igualdad de condiciones, fijar un precio para las emisiones de carbono afectará de forma desproporcionada a los consumidores con bajos ingresos. Esto es exactamente lo que se observa ahora con el brusco ascenso del precio del petróleo, que está incrementando el número de personas que viven en condiciones de pobreza energética. A menos que se tomen medidas concretas, fijar un precio para las emisiones de carbono dará lugar a problemas sociales. En Francia, el plan para introducir un precio para las emisiones de carbono en el sector del transporte desencadenó las protestas de los chalecos amarillos.

Necesitamos un precio para las emisiones de carbono, pero hay que pensar además en cómo diseñarlo y aplicarlo de manera escalonada

No se trata de decir ‘no pongan precio a las emisiones de carbono’. Esto es algo necesario, pero hay que pensar además en cómo diseñarlo y aplicarlo de manera escalonada. Por ejemplo, se podría invertir capital público por adelantado para modernizar el aislamiento de las viviendas, antes de que entrara en vigor el precio para las emisiones de carbono. Asimismo, los ingresos de estas tarifas por emisiones de carbono pueden redirigirse de nuevo hacia los consumidores, pero sobre una base per cápita, de modo que se beneficien los hogares con bajos ingresos. Se trata de reconocer y anticipar las consecuencias sociales de las políticas adecuadas y necesarias para alcanzar las cero emisiones netas.

¿Cómo garantizamos que las respuestas a los riesgos climáticos sean justas y equitativas?

Una prioridad no resuelta es cómo abordar las pérdidas y los daños, es decir, cómo se compensará a las personas y a los países cuyo medio de vida ya se ha visto afectado a consecuencia de los efectos físicos de la crisis climática. Se necesitará un mecanismo de compensación que reconozca que principalmente algunas regiones del mundo se han beneficiado de un estilo de vida alto en emisiones de carbono, mientras que en otras zonas se han generado costes mayores, en especial en los países en vías de desarrollo. Esta será una de las principales cuestiones que se tratarán en la cumbre climática de este año en Egipto.

Aquellos con ingresos situados en el cinco por ciento superior son los responsables de la mayor parte de las emisiones globales

Además, hay que tener en cuenta importantes consideraciones en materia de ingresos. Aquellos con ingresos situados en el cinco por ciento superior son los responsables de la mayor parte de las emisiones globales. Si hubiera que añadir las emisiones asociadas con sus carteras de inversión, las cifras serían incluso más altas. Es lógico centrarse en reducir las emisiones allí donde exista una clara capacidad de pago. En esto consiste también una parte esencial de la transición justa.

En términos generales, sabemos que la desigualdad se considera cada vez más un riesgo sistémico para la economía y la sociedad. A medida que adoptamos medidas para hacer frente al riesgo sistémico del cambio climático, debemos asegurarnos de que no estamos empeorando los riesgos de desigualdad, sino modelando la transición para que reduzca estos riesgos.

¿Es la intervención gubernamental lo que se necesita para traducir los riesgos hipotéticos de la transición en cambios lo suficientemente grandes como para que los mercados respondan?

Los gobiernos rara vez actúan con valentía. Necesitan tener la certeza de que las políticas que se introduzcan contarán con el respaldo de los ciudadanos, las empresas y los inversores. Por ello, es importante que los inversores y las empresas manifiesten que están a favor del nivel cero de emisiones netas, para así aspirar aún más a llevar a cabo los grandes y drásticos cambios que hacen falta.

Debemos pensar en términos de cambio de sistema. No se trata de que los gobiernos o los mercados apliquen medidas ni de fijar un precio para las emisiones de carbono o definir estrategias ESG, sino de encontrar el modo de que estos esfuerzos se complementen y se refuercen. Los inversores no pueden esperar al precio perfecto para las emisiones de carbono: deben promover reformas políticas que hagan que los mercados digan la verdad sobre el clima y, a la vez, deben posicionar sus carteras para el inevitable cambio a las cero emisiones netas.

Los inversores deben promover reformas políticas que hagan que los mercados digan la verdad sobre el clima

Otra cuestión fundamental en este cambio de sistema multifactorial es el papel de los bancos centrales. El Banco de Inglaterra ha efectuado su primera ronda de pruebas de resistencia, en la que destaca la importancia de que las instituciones financieras adopten decisiones inmediatas para evitar activos varados en el futuro. Ahora, en un entorno de tipos al alza, se debate sobre si debería haber tipos diferenciados, de modo que el acceso a la liquidez de los bancos centrales pudiera realizarse a tipos más bajos en el caso de proyectos que estén en línea con la transición.

La clave del éxito radica en efectuar estas conexiones. En el Reino Unido, esto significa unir los puntos que separan las cero emisiones netas y las ambiciones de nivelación por parte del gobierno para reducir la desigualdad regional4. En este momento, vemos un ‘punto intermedio perdido’ entre los fondos de capital que poseen quienes dicen que quieren invertir en cero emisiones netas y las regiones del país que necesitan el capital. Esa es la brecha que, en nuestra opinión, es necesario cerrar. Para conseguir el cero neto de emisiones y una transición justa, todo debe estar conectado.

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