Para tomar una ruta más directa hacia el cero neto de emisiones, hay que invertir en el poder de las soluciones naturales.

Se están revisando generaciones enteras de prácticas de gestión del suelo ahora que nuestra relación con la tierra y la vida silvestre está cambiando, para mejor. Analizando la ética de los sistemas de ajuste y compensación de las emisiones de carbono o simplemente redefiniendo lo que constituye la belleza natural, Greta Talbot-Jones sostiene que los inversores en activos reales conscientes de la sostenibilidad deben tomar nota de las tendencias cambiantes en el uso del suelo.

Lea este artículo para comprender:

  • Cómo el uso del suelo está viviendo una revolución, en la que las soluciones climáticas y de biodiversidad basadas en la naturaleza adquieren protagonismo.
  • Por qué pocos inversores serán capaces de erradicar por completo el carbono de sus carteras y tendrán que poner en marcha estrategias para eliminarlo.
  • Por qué el hecho de que exista un número limitado de tecnologías de eliminación de carbono en las que se puede invertir en la actualidad significa que las soluciones basadas en la naturaleza serán esenciales para encontrar modos viables de alcanzar las cero emisiones netas.

Pídale a alguien que evoque un paisaje natural y es probable que le venga a la mente un parque nacional, como el Distrito de los Lagos, los Valles de Yorkshire o las Tierras Altas de Escocia, o, de forma alternativa, ondulantes campos de trigo y cebada o rebaños de ovejas y vacas pastando tranquilas. Todo esto se considera natural por excelencia y pocos cuestionarían su aspecto actual o incluso su estado de salud. 

Lamentablemente, nuestra huella, como suele ser habitual, es mucho mayor e involuntariamente más destructiva de lo que en un principio pensamos o de lo que querríamos admitir. En comparación con su estado natural, estos paisajes son de hecho en su mayor parte desiertos ecológicos.

Estas escenas de postal no siempre fueron tan limpias y ordenadas. La principal diferencia en relación con el aspecto que tenían hace cientos de años es la relativa falta de árboles y especies diversas. Si se analiza la situación más de cerca, se verán los efectos producidos en los pastos silvestres, en la biodiversidad (aves, castores e insectos; principalmente, abejas y mariposas), en la calidad del suelo y del entorno, y en la salud de los ríos. Las prácticas agrícolas y ganaderas intensivas y basadas en productos químicos han erosionado los sumideros de carbono de la naturaleza, han degradado los ecosistemas y han frenado las defensas naturales contra las inundaciones.

Invierta en la tierra

En la propiedad de la tierra reside la solución a estos problemas, ya que quienquiera que sea el propietario del terreno influye en su uso. Puede que esté personalmente de acuerdo en que el cambio climático es la "mayor oportunidad comercial de nuestro tiempo", pero es innegable que la revisión del uso del suelo juega un papel integral a la hora de limitar el calentamiento global a 1,5 °C. Las soluciones basadas en la naturaleza tienen la capacidad de aportar un tercio de la reducción neta de emisiones exigida para 20301.

Con la aspiración de lograr el cero neto de emisiones de la que se habla casi a diario, grandes sectores de la cadena de valor de las inversiones se están dando cuenta del gran reto que supone lograr la neutralidad en materia de carbono. Ya sean gestores o propietarios de activos, reguladores, clientes finales o una combinación de ellos quienes los promuevan, los esfuerzos para descarbonizar los edificios e infraestructuras deben ser la máxima prioridad en cualquier plan que pretenda lograr el cero neto de emisiones, pero dichas iniciativas no reducirán del todo la intensidad de carbono de las carteras a largo plazo. A menos que se implementen estrategias de eliminación, siempre habrá una brecha entre las pretensiones declaradas en materia de carbono y la realidad. Tras habernos marcado el reto de que nuestra cartera de activos reales tenga cero emisiones netas para 2040, somos realmente conscientes de este desajuste.

Nuestro análisis interno muestra que, dado que la mayoría de nuestras inversiones en deuda y capital residen en infraestructuras y bienes inmuebles, los niveles de carbono residual son inevitables, incluso aunque se destine un importante capital a la descarbonización y se incremente el volumen de financiación vinculado a la sostenibilidad.

Para determinar el tamaño de la inversión necesaria, debemos adoptar un método científico para delimitar y calcular la intensidad de carbono restante. Existen abundantes retos de credibilidad y verificación en los mercados de emisiones de carbono y es probable que la compensación ciega tenga la misma consideración que el escándalo del lavado de cara ecológico de la década de 2020.

Para integrar el balance de carbono residual en nuestras carteras2, debemos hallar inversiones directas creíbles en soluciones de eliminación de carbono que cierren la brecha. En las que más se puede invertir actualmente son la silvicultura, las turberas y la biodiversidad.

Con el tiempo, buscaremos soluciones de captura y almacenamiento de carbono (CCUS, por sus siglas en inglés) basadas en la tecnología, pero, dada la relativa falta de desarrollo de esta, nuestro enfoque actual reside en soluciones basadas en la naturaleza. No obstante, estimamos que en la segunda mitad de la década de 2020 debería poder invertirse en captura de carbono en proyectos energéticos de infraestructuras existentes y en captura directa de aire en la década de 2030.

Las asociaciones locales y de expertos son la clave

Nuestra primera inversión directa en capital natural fueron 6300 hectáreas de páramos en la zona de Glen Dye en West Aberdeenshire (Escocia). En colaboración con Par Equity (Par), el gestor de fondos de inversión forestal con sede en Escocia, se replantarán más de 3000 hectáreas de terreno y se recuperarán 1800 hectáreas de turberas.

Mientras dure el proyecto, se calcula que 1,4 millones de toneladas de carbono quedarán inmovilizadas mediante soluciones naturales en la tierra. Hasta un tercio (1000 hectáreas) del terreno replantado serán coníferas productivas, lo que dará empleo a la comunidad local en la producción maderera. Las 2000 hectáreas replantadas restantes se convertirán en distintos bosques autóctonos, de cuyo diseño y gestión se encargará Scottish Woodlands.

Estos proyectos tienen el potencial de incrementar enormemente el valor social, pero es lógico que a menudo haya escepticismo sobre lo que motiva a los inversores institucionales. Conscientes de esto, para la zona de Glen Dye nos asociamos con expertos en el mercado y creamos relaciones sólidas a nivel local mejorando el acceso público y las instalaciones educativas.

Se comenta cada vez con más frecuencia el efecto que la demanda de inversión en capital natural produce en el precio del suelo. Savills pronostica que hay 2500 millones de libras esterlinas de financiación listos para invertirse en el mercado inmobiliario de Reino Unido, que ha registrado niveles bajos de liquidez sin precedentes en los últimos años3. Aunque no es probable que la ambición y la realidad converjan, el desequilibro entre oferta y demanda de suelo es innegable. Cabe esperar que el mercado inmobiliario de Reino Unido evolucione con el tiempo para adoptar modelos de propiedad compartida entre propietarios privados e inversores institucionales.

En el caso de Glen Dye, trabajamos con académicos y expertos del sector para desarrollar una metodología de elaboración de informes rigurosa y creíble con la que rastrear el impacto medioambiental, social y de gobernanza (ESG) de los activos forestales y de las turberas. Las métricas comprenden varios factores ESG y abarcan beneficios que van desde la biodiversidad y la salud del suelo hasta la educación, la sanidad, el bienestar y el empleo. La aplicación de una estrategia de elaboración de informes contundente y transparente desde un primer momento permitirá crear índices de referencia y ofrecerá la posibilidad de realizar un seguimiento del rendimiento con el tiempo.

Las soluciones basadas en la naturaleza van mucho más allá del carbono

El informe Dasgupta de 2021 sostenía que los flujos financieros dirigidos a mejorar nuestros activos naturales se ven eclipsados por las subvenciones, que los dañan4.

Incluso dentro de sectores basados en la naturaleza, surgen tensiones sobre si dar prioridad a la absorción del dióxido de carbono o a la regeneración de la biodiversidad. Aunque su potencial de absorción de carbono sea elevado, una densa reforestación puede restringir la regeneración de arbustos, que son el hogar de muchas especies de insectos y animales. Plantar una mezcla de especies, en especial de aquellas endémicas de la región, sirve para equilibrar esto, al igual que dejar la tierra en barbecho para que se regenere de forma natural.

La solución para incentivar la regeneración de la biodiversidad radica en las intervenciones políticas. En Escocia, el propósito de recuperar 250 000 acres de turberas degradadas para 2030 cuenta con un apoyo prometido en subvenciones por valor de 250 millones de libras esterlinas.

Además, los esquemas de gestión ambiental de la tierra propuestos por el Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales británico (DEFRA) esbozan un cambio drástico en la forma en que se generarán las rentas del suelo en la década de 2020.

Actualmente en fase piloto, los tres esquemas engloban la agricultura sostenible, la restauración de la naturaleza local y la recuperación del paisaje. Se pagará a los propietarios de tierras que ofrezcan una serie de beneficios ambientales, tales como agua limpia y abundante, flora exuberante y vida silvestre, destinados a reducir el cambio climático y adaptarse a él mediante la replantación a largo plazo y la recuperación de los ecosistemas, en lugar de los subsidios fijos basados​en hectáreas que reciben actualmente los agricultores5.

Además, como parte del régimen posterior al Brexit, se está introduciendo un esquema de salida en el que los agricultores pueden optar por percibir los subsidios restantes en un único pago, a condición de que pongan sus tierras a disposición de los nuevos participantes. Como resultado, algunos agricultores deciden jubilarse y aprovechar los beneficios que supone combinar el pago directo y el aumento del valor del suelo. Las políticas del DEFRA pretenden reequilibrar los incentivos del uso de la tierra, desde la agricultura tradicional hasta las prácticas de regeneración natural.

Estabilización y ampliación de los mercados voluntarios de carbono

Cuando se adquieren compensaciones, la eliminación de carbono parece casi instantánea. No obstante, los plazos de absorción se prolongan, en realidad, durante décadas, de modo que la acumulación de flujos de ingresos resulta lo habitual y los flujos de efectivo se retrasan hasta el final de esos períodos.

En el caso de los activos reales, estos plazos de inversión no son algo insólito, pero las estructuras, el precio y las expectativas de rentabilidad de los fondos deben coincidir con la naturaleza del activo subyacente. Con la atención cada vez más centrada en cómo se alcanzará el objetivo de las cero emisiones netas, los propietarios de activos deben empezar a identificar gestores que ofrezcan una estrategia de inversión sólida y unidades de carbono con orígenes rastreables y creíbles.

Se espera que la demanda de créditos en los mercados voluntarios de carbono (VCM, por sus siglas en inglés)6 se multiplique por quince para 2030, lo que significa que el mercado se duplicará cada 30 meses. El Grupo de Trabajo para la Ampliación de los Mercados Voluntarios de Carbono (TSVCM, por sus siglas en inglés) calcula que el tamaño de los VCM podría oscilar entre los 5000 millones de dólares y los 50 000 millones7 a finales de la década, con soluciones climáticas naturales que representarían hasta el 85 por ciento del suministro. El año 2021 confirmó estas tendencias, con mil millones de dólares en créditos negociados en los VCM, el triple de liquidez en comparación con 20208.

Históricamente, los mercados de emisiones de carbono han tenido problemas para lograr precios estables, debido a las fluctuaciones de la oferta y la demanda y los desafíos de credibilidad conexos.

Con modificaciones normativas y colaboraciones de mercado, como el TSVCM, se trabaja para estabilizar los precios en los mercados regulados y voluntarios, respectivamente. El Banco de Inglaterra (en colaboración con la Red de Bancos Centrales y Supervisores para la Ecologización del Sistema Financiero) sugiere que se necesitan políticas que promuevan un precio virtual para las emisiones globales de carbono superior a los 150 $ por tonelada para 20309.

Teniendo en cuenta que el precio voluntario de las emisiones de carbono en el promedio del comercio se sitúa actualmente en unos 10 $ por tonelada, las inversiones directas en la naturaleza sirven de cobertura para la futura apreciación del precio del carbono, a la vez que retienen el valor de los activos subyacentes del suelo y de los cultivos. Prevemos que se alcanzará una prima de precio para los créditos que desarrollen los inversores acreditados y en mercados donde haya potentes marcos regulatorios para la acreditación.

Nuestra siguiente etapa consistirá en encontrar formas innovadoras de integrar dichas inversiones en productos viables con perfiles de riesgo y rentabilidad que respondan a los resultados deseados por los inversores. Las soluciones de eliminación de carbono son una pieza importante del puzle que forman las cero emisiones netas, pero no deben considerarse un "pase para salir de la cárcel". No se puede pasar por alto el duro trabajo que supone reducir primero la intensidad de las emisiones de carbono en las operaciones empresariales mediante un compromiso activo y una estructuración definida.

Por el momento, debemos regresar al reto principal: existen diversas crisis de sostenibilidad que están impulsando una revolución del modo en que hacemos uso del suelo. El tamaño de las poblaciones de mamíferos, aves, peces, anfibios y reptiles ha sufrido de media una alarmante caída del 68 por ciento en todo el planeta desde 197010. Se cree que cerca de un millón de especies animales y vegetales, casi una cuarta parte de las que existen en el mundo, están en peligro de extinción11.

Haremos todo lo que esté a nuestro alcance para colaborar con las comunidades locales y los socios especialistas al objeto de seguir a la vanguardia de esta clase de activos en rápido desarrollo. Solo si tenemos en cuenta el verdadero valor de la naturaleza, la riqueza de la biodiversidad y la salud de nuestro clima en las decisiones de inversión, podremos hacer frente a estos problemas existenciales.

Principales conclusiones:

  • La descarbonización activa de los edificios y la búsqueda de alternativas con bajas emisiones de carbono a las tecnologías existentes deben ser la principal prioridad de cualquier estrategia para lograr el nivel cero de emisiones netas, y solo se debe depender de la eliminación de carbono a largo plazo en el caso del carbono residual.  
  • La inversión directa es la forma más creíble de generar créditos de carbono.
  • La participación de la comunidad es imprescindible y debe integrarse en las estrategias de inversión desde el primer momento.
  • La eliminación de carbono y la regeneración de la biodiversidad entran a veces en conflicto entre sí, aunque ambas son indispensables para reducir los impactos del cambio climático.
  • Las medidas políticas adoptadas recientemente en Reino Unido están incentivando una serie de soluciones alternativas basadas en la naturaleza, más allá de la silvicultura.
  • La acumulación de flujos de ingresos es habitual y, con frecuencia, necesaria para generar un rendimiento estable.
  • La exposición a los mercados de emisiones de carbono puede diversificar la cartera y aportar protección contra los riesgos climáticos.

Nota: Estamos abiertos a hablar con propietarios de activos, empresas, instituciones académicas, ONG y otros gestores de activos que estén desarrollando estrategias en esta área. La colaboración es fundamental para establecer soluciones basadas en la naturaleza como una clase de activo de inversión y estabilizar los mercados voluntarios de carbono.

Referencias

  1. "Nature and Net Zero", Foro Económico Mundial y McKinsey & Company, mayo de 2021
  2. Sistema de ajustes: se centra en proyectos de colaboración entre el desarrollador y las partes interesadas de uno o más negocios. Los créditos no se venderán en mercados secundarios, sino que se integrarán para equilibrar el carbono residual en la cadena de valor de una empresa. Sistema de compensaciones: desarrolla proyectos principalmente para el mercado secundario de carbono con compensaciones que se venden a cualquier comprador.
  3. "Who will profit from saving Scotland’s peat bogs?", New York Times, mayo de 2022
  4. "The Economics of Biodiversity: The Dasgupta Review", febrero de 2021
  5. "Environmental Land Management schemes: overview", 15 de marzo de 2021
  6. Mercados de carbono regulados: se comercializan y se regulan por medio de regímenes regionales, nacionales o internacionales (p. ej., el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la UE o EU-ETS, por sus siglas en inglés). Mercados de carbono voluntarios: los comercializan empresas y particulares de forma voluntaria para conseguir compensar y neutralizar las emisiones de carbono.
  7. "Taskforce on Scaling Voluntary Carbon Markets Report", enero de 2021
  8. "Voluntary carbon markets poised for growth in 2022", S&P Global, 4 de enero de 2022.
  9. "Climate change – Plotting our course to Net Zero", Banco de Inglaterra, ponencia de Sarah Breeden, 18 de mayo de 2021. Nota: La Red de Bancos Centrales y Supervisores para la Ecologización del Sistema Financiero ha desarrollado escenarios de fijación de precios para las emisiones de carbono basados en niveles de calentamiento, relacionados tanto con los riesgos físicos y de transición como con las consecuencias económicas y financieras.
  10. Informe Planeta Vivo 2020 de WWF
  11. "Dasgupta Review: Nature’s value must be at the heart of economics", Universidad de Cambridge.

"Es innegable que la revisión del uso del suelo desempeña un papel integral para limitar el calentamiento global"

Greta Talbot-Jones 

Directora asociada de Inversión Responsable

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