La deuda europea de infraestructura entra en 2026 con una posición sólida y abundante demanda por su amplia gama de oportunidades. No obstante, Darryl Murphy recuerda a los inversores que deben prestar atención a varios riesgos y analizar los diferentes productos con diligencia.

Lea este artículo para comprender:

  • Por qué la deuda de infraestructura parece tener mucho a su favor
  • Algunos de los peligros a los que los inversores deben prestar atención
  • Por qué es necesario seguir dando prioridad a los fundamentales del crédito

Los mercados de deuda europea de infraestructura entran en 2026 con un fuerte impulso. El volumen récord de emisiones del año pasado se encontró con una demanda enorme, ya que los inversores volvieron a inclinarse por una clase de activo que ofrece rentabilidades estables y predecibles, protección contra la inflación y una baja correlación con los mercados tradicionales.

En 2025 se alcanzó un nuevo máximo en el mercado europeo, con la emisión de 259 000 millones de euros en deuda de infraestructura a través de 809 operaciones, lo que supone un aumento aproximado del 6 % con respecto a los volúmenes registrados en 2024. El mercado británico representó el 30 % del total, con 163 operaciones por valor de 78 000 millones de euros, seguido de España y Alemania.1

El aumento de las emisiones estuvo respaldado por la continua y sólida actividad en los sectores de transición energética e infraestructura digital; en concreto, en las áreas de energía solar (33 000 millones de euros), energía eólica marina (26 500 millones de euros), fibra óptica (17 000 millones de euros) y centros de datos (12 700 millones de euros).2

Las operaciones de mayor volumen ilustraron la magnitud y la amplitud del mercado: la refinanciación de GD Towers, propiedad de Brookfield, Digital Bridge y Deutsche Telecom; el tramo respaldado por créditos a la exportación de la central nuclear Sizewell C en el marco de una financiación mediante deuda por un total de 36 000 millones de libras esterlinas; la refinanciación de la fibra óptica española de MasOrange y Vodafone, y las emblemáticas financiaciones para la energía eólica marina (Baltyk II y III en Polonia).

En el Reino Unido, la atención se dirigió a varias emisiones nuevas y destacadas, con 10 800 millones de euros destinados a proyectos de energía eólica marina, como los de East Anglia e Inch Cape, en Escocia, y otros 10 000 millones de euros destinados al sector hídrico, incluidos 5000 millones de euros para financiar la mejora de un acueducto en el noroeste de Inglaterra. Los proyectos de nueva creación recibieron un total de 26 000 millones de euros, entre los cuales Sizewell C, un proyecto de captura y almacenamiento de carbono en la bahía de Liverpool, ocupa un lugar prominente. También destacan los distintos acuerdos de energía eólica marina.3

Durante el año pasado, la deuda de infraestructura con grado de inversión generó una rentabilidad total de entre el 6 % y el 6,5 % en libras esterlinas y de entre el 4,25 % y el 4,75 % en euros, ya que los diferenciales con respecto a la deuda pública subyacente se estrecharon, aunque no tanto como los diferenciales de la deuda corporativa equivalente negociada en los mercados cotizados. A pesar de este estrechamiento de los diferenciales, las primas por iliquidez se mantuvieron acordes a la media a largo plazo, en torno a los 100 puntos básicos (consulte Las primas por iliquidez en la deuda privada:  tercer trimestre de 2025).4, 5

Dados los recientes problemas del mercado estadounidense de préstamos directos, es probable que la deuda europea de infraestructura resulte cada vez más atractiva para los inversores internacionales, gracias a la robustez de los activos subyacentes.6 El sector seguirá ofreciendo una amplia gama de oportunidades de riesgo/rentabilidad y, por lo tanto, de valor, especialmente para aquellos que puedan originar crédito a escala.

Los fundamentales, en el punto de mira

Sin embargo, aunque la capacidad del mercado para absorber un récord de emisiones es señal de resiliencia, el aumento de la competencia y los cambios estructurales exigen disciplina a la hora de seleccionar el crédito.

La primera cuestión para 2026 no es si la deuda de infraestructura continúa siendo atractiva para los numerosos inversores que buscan exposición al mercado del crédito privado, ya que lo es en términos de valor relativo.

La presión competitiva del capital institucional estadounidense y los bancos obliga a seleccionar el crédito con rigor

Más bien, lo que hay que preguntarse es si los inversores deberían ajustar sus posiciones ante el aumento de la competencia. La presión competitiva del capital institucional estadounidense y los bancos obliga a seleccionar el crédito con rigor, especialmente en un contexto en el que la complejidad de la estructuración de la deuda sigue aumentando. Es probable que acabe provocando un desequilibrio persistente entre la oferta y la demanda, lo que podría influir en los precios, como ya ocurrió en 2025 en el mercado estadounidense de colocaciones privadas para los emisores regulares europeos.

Además, puesto que una gran parte de la deuda nueva está siendo emitida por empresas involucradas en la transición energética y la infraestructura digital, los inversores deben prestar atención a varios riesgos.

Entre ellos se incluyen los cuellos de botella en las redes eléctricas, la actual consolidación en el sector de la fibra óptica, el riesgo de que se reduzcan los proyectos renovables, los precios de la energía para los activos renovables y el riesgo de mercado en la infraestructura digital. Estos riesgos refuerzan la importancia de seguir centrándose en los fundamentales del crédito.

El factor principal

La transición energética sigue siendo el motor predominante de las nuevas operaciones. La energía eólica marina está creciendo en toda Europa, respaldada por las ayudas públicas. En el caso del Reino Unido, el resultado de la próxima ronda de subastas de energía eólica dejará más clara la probabilidad de que haya un cambio radical en el suministro de esta fuente de energía. También hay un gran interés por la financiación de nuevas instalaciones solares, como demuestran los 33 000 millones de euros que se movieron en operaciones en 2025.  

Sin embargo, el reto al que deberá hacer frente toda Europa es la necesidad de acelerar las mejoras de la red para que la generación renovable sea viable. Según el Banco Europeo de Inversiones, la inversión en la red debe duplicarse hasta alcanzar los 140 000 millones de euros anuales. En Gran Bretaña, National Grid ha revelado sus planes de invertir miles de millones en mejorar las redes de transmisión y distribución del país.7

Aunque la mayor parte de esta inversión se financiará a través de entidades reguladas de servicios públicos, la magnitud de la inversión necesaria puede provocar que las empresas de servicios públicos busquen otras fuentes de capital, aparte de los mercados cotizados.

Otra preocupación para los inversores son ciertos problemas concretos que afectan al desempeño de los activos existentes, como el apagón eléctrico que se produjo en la península ibérica el pasado abril. En la región nórdica, los inversores sufrieron los bajos precios de la energía en 2025 debido a la sólida producción de las centrales hidroeléctricas y al aumento de la capacidad de las energías renovables.

La corriente de digitalización

El gasto en redes de fibra óptica también sigue siendo notable en toda Europa, aunque los inversores deben tener presente el riesgo de sobreconstrucción de redes en aquellas zonas donde el crecimiento de abonados está disminuyendo. En el mercado británico, todo parece apuntar a una consolidación y, aunque de momento ha habido mucho ruido y pocas nueces, 2026 podría ser el año en que se materialicen varias fusiones. Mientras tanto, las empresas con alto apalancamiento se enfrentan a un momento complicado, lo que puede dar lugar a algunas reestructuraciones de gran repercusión tanto en el Reino Unido como en Alemania.

El sector de los centros de datos podría acabar superando al de la fibra óptica como uno de los más activos de Europa

Los centros de datos están experimentando una demanda sin precedentes, pero la disponibilidad de energía, las conexiones a la red y las restricciones en materia de permisos serán factores que determinarán cuántas operaciones de este tipo se cerrarán realmente en toda Europa. Aunque el volumen, que asciende a 12 700 millones de euros, es inferior al de EE. UU., el sector podría acabar superando al de la fibra óptica como uno de los más activos del Viejo Continente.

Es posible que los inversores encuentren también algunas oportunidades atractivas para invertir en el sector ferroviario del Reino Unido. Varias empresas, como Southern, Northern y TransPennine Express, quieren adquirir material rodante tras el parón provocado por la pandemia y la progresiva nacionalización de los operadores ferroviarios.

En busca de un modelo de financiación

Los Gobiernos europeos no dejan de buscar una forma más eficiente de asociarse con fuentes privadas de capital.

Aunque los bancos siguen respaldando las transacciones a gran escala, especialmente aquellas que cuentan con el apoyo de grandes sponsors, están tratando de mejorar la rentabilidad de los recursos propios mediante la venta masiva de activos. Este escenario está favoreciendo la intervención de inversores institucionales y fondos de crédito privados estadounidenses, que desempeñarán un papel cada vez más importante como propietarios de estos activos.

Bélgica sigue siendo uno de los pocos países donde se utiliza ampliamente el modelo de APP

Mientras tanto, Bélgica sigue siendo uno de los pocos países donde se utiliza ampliamente el modelo de asociación público-privada (APP), especialmente en proyectos de transporte por carretera, un sector que se está ralentizando en toda Europa.

En el Reino Unido, después de todo el bombo que se dio a este modelo, parece que no veremos muchas APP, salvo por el recientemente anunciado programa Neighbourhood Health Centre. En junio, el Gobierno publicó su Estrategia de Infraestructura Nacional para los próximos diez años, en la que se establece el objetivo de invertir 725 000 millones de libras esterlinas, procedentes en su mayoría del sector privado, durante la próxima década.

Capital no falta, desde luego, teniendo en cuenta que en 2025 se alcanzó el récord de 68 000 millones de libras en emisiones a precios competitivos y que, de esa cifra, ya solo 13 operaciones representaban cerca de 31 000 millones de libras. No obstante, se tiene la sensación de que, para lograr el objetivo, hará falta flexibilizar las restricciones de planificación, especialmente en el sector energético.

La inversión total del NWF británico supera ahora los 7500 millones de libras esterlinas, una cuarta parte de su capital disponible

En cuanto al Fondo Nacional de Riqueza (NWF, por sus siglas en inglés) británico, ha invertido 3600 millones de libras esterlinas desde su cambio de nombre en octubre de 2024. Su inversión total supera ahora los 7500 millones de libras esterlinas, una cuarta parte de su capital disponible, y su papel ha ido evolucionando.

El objetivo actual del NWF es apoyar inversiones de capital en fase inicial y proyectos más pequeños que, de otro modo, tendrían dificultades para obtener financiación externa, abordando los retos de inversión en una amplia gama de sectores. Esperamos ver operaciones similares en 2026, algo que sin duda será bien recibido por las promotoras del sector privado.

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Deuda sénior invertida en activos de infraestructura estables y a largo plazo de una amplia gama de sectores. Ideal para inversores que buscan flujos de caja estables con un perfil atractivo de riesgo y rentabilidad, y pretenden capitalizar la prima de iliquidez.

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