Nuestra equivocada percepción de la realidad nos ha hecho ignorar los efectos sobre la sostenibilidad a la hora de organizar empresas, la economía y el sistema financiero. No podemos seguir ignorando una cuestión tan importante simplemente porque sea demasiado difícil de entender. Para eso, escribe Steve Waygood, tenemos el pensamiento sistémico.

Lea este artículo para comprender:

  • Por qué los modelos económicos, financieros y empresariales dejan de lado la sostenibilidad
  • Por qué nuestra percepción y nuestro sentido de la realidad provocan puntos ciegos en materia ESG
  • Por qué necesitamos adoptar un enfoque sistemático para corregir los errores del mercado

Hace poco, leí una cita que me hizo reflexionar. En tan solo unas líneas, el físico Geoffrey West expresaba algo que yo llevaba sintiendo desde hace años, pero para lo que no encontraba palabras.

"Una vez, hice un pequeño experimento: Abrí una media docena de libros de economía, de los importantes, como los de Samuelson y otros autores similares, y busqué en sus índices, para ver si encontraba las palabras ‘energía’, ‘entropía’ o ‘termodinámica’. No aparecían ni una sola vez".

Inmediatamente, supe que era verdad. En economía solo hay unos pocos pioneros que hayan ido a contracorriente, aunque hasta ahora no hayan logrado revertir la tendencia del pensamiento tradicional. Comencé a preguntarme si pasaría lo mismo con las finanzas y la estrategia corporativa. Intuía la respuesta, pero necesitaba confirmarlo.

¿Empresas sostenibles?

Centrémonos primero en la estrategia corporativa.

Los académicos siempre han ido a la zaga de pioneros que ponen en práctica sus ideas, como Henry Ford y Alfred Sloan, quienes, entre otros muchos logros, inventaron la cadena de montaje y el organigrama, respectivamente. En aquella época, los líderes empresariales tenían que confiar ciegamente en el valor de su propuesta de negocio y aventurarse en lo desconocido, ya que no había modelos académicos infalibles que pudieran predecir su rentabilidad.

Ahora, son muchos los que defienden que las cosas han cambiado poco y que la teoría corporativa sigue a la zaga de la práctica. Sin embargo, actualmente hay lugares en los que la práctica y la teoría se dan la mano de forma indiscutible: en los campus de las facultades de economía y en las salas de conferencias de las consultorías. Desde estos bastiones profesionales, los nuevos ideólogos empresariales debaten la forma correcta de organizar una empresa o el papel de los directivos, y estudian y consolidan exhaustivamente otros puntos estratégicos.

Los gurús de la gestión como Michael Porter, Tom Peters y Peter Drucker se curtieron en estas entidades y se hicieron de oro fusionando la recién descubierta ciencia de la gestión con el arte de los negocios. Por desgracia, Porter, Peters y Drucker ignoraban la sostenibilidad como criterio administrativo, y esa idea ha pervivido hasta hoy en las decisiones empresariales de quienes siguen sus pasos, con la notable excepción de contados pensadores como John Elkington, que popularizó el concepto del "triple resultado" (del que ha renegado posteriormente1), George Serafeim, de la Escuela de Negocios Harvard, y Bob Eccles, de la Saïd Business School de Oxford.

Ninguno de ellos ha recibido la fama profesional que merecería en sus respectivas instituciones, aunque es poco probable que aceptaran el título de "gurú de la gestión" con agrado.

En un reciente artículo de Sarah Murray para el Financial Times, se subrayaba el error fatal de los marcos de gestión más influyentes. La autora escribía lo siguiente: "Entre 1998 y 2012, la clasificación Beyond Grey Pinstripes del Instituto Aspen, que cada dos años evalúa el contenido de sostenibilidad en los planes de estudio de las facultades, mostró de manera rutinaria que los temas ambientales se estudiaban como módulos separados o cursos electivos, pero faltaban en los programas básicos de MBA"2.

En honor a la verdad, tanto Porter como Drucker han intentado introducir posteriormente la sostenibilidad en sus célebres teorías. Sin embargo, sus ideas originales siguen manifestándose en la forma actual de hacer negocios.

¿Finanzas sostenibles?

La cosa cambia ligeramente cuando hablamos de finanzas, ya que, como se basan en teorías matemáticas, pensamos que se trata de algo muy preciso. En consecuencia, los conocimientos pasan del papel a la práctica de forma casi inmediata.

Harry Markowitz, Bill Sharpe, Eugene Fama, Kenneth French, Myron Scholes, Fischer Black y Robert Merton han sido nombres clave en la "profesionalización" de las finanzas. Sus respectivas obras acerca de la teoría moderna de carteras, la hipótesis del mercado eficiente, el modelo de fijación de precios de los activos de capital y el modelo de fijación de precios de los derivados han acabado por dar forma y definir la gestión de los riesgos y las carteras en los sectores de las finanzas y la inversión. Si a lo anterior añadimos el análisis del flujo de fondos descontados, podemos dar por tocadas todas las teorías y los pensadores más importantes.

Tras estudiar detenidamente todas sus obras, uno de mis colegas apreció una notable falta de menciones a la sostenibilidad en sus modelos.

 El cambio climático y otras amenazas existenciales ponen en peligro los pilares mismos en los que se basa la sociedad

Sus pulcras ecuaciones dejaban de lado un punto crucial sobre la integridad del mercado: el alfa es lo de menos si la beta implosiona. Después de todo, en el largo plazo, la búsqueda de alfa carece de sentido si se ignoran por completo los riesgos sistémicos. El cambio climático y otras amenazas existenciales ponen en peligro los pilares mismos en los que se basa la sociedad. Y si la sociedad empieza a fracturarse, los mercados serán los siguientes.

En el artículo del Financial Times que ya he citado, se señalaba que este cortoplacismo no se limita a los MBA y la estrategia corporativa. En palabras de Murray, "La falta de menciones al cambio climático en materias como finanzas, contabilidad, marketing y operaciones ha suscitado quejas entre todos aquellos que defendemos que las carreras de gestión deberían centrarse en este problema".

De hecho, el curso para la acreditación de Chartered Financial Analyst sigue tratando de pasada las cuestiones ESG en el plan de estudios, en vez de integrarlas como parte fundamental.

El elefante en la habitación

Esta negligencia por parte de la corriente más aceptada se ha traducido en descuidos flagrantes en los sectores económico, financiero y empresarial. Es lógico que nos preguntemos cómo y por qué ha ocurrido. Una antigua parábola india puede ayudarnos a entenderlo.

Figura 1: Parábola de los ciegos y el elefante
Parábola de los ciegos y el elefante
Fuente: Aviva Investors, agosto de 2022

Cuenta la historia que un grupo de ciegos se dan de bruces con un elefante. Como no saben qué tienen delante, tratan de hacerse una idea entre todos, tocándolo por partes. Cada uno pasa la mano por una zona de su cuerpo y lo describe según su limitada experiencia. Por supuesto, sus descripciones son de lo más variopintas, y llegan a sospechar incluso que algunos ciegos están mintiendo.

Solemos predicar "verdades incuestionables" basadas en nuestra limitada experiencia vital, que además es subjetiva

La moraleja de esta historia queda clara, ¿no? Solemos predicar "verdades incuestionables" basadas en nuestra limitada experiencia vital, que además es subjetiva. En nuestra búsqueda de certezas, ignoramos las ideas de los demás según nos convenga y no pensamos en que nunca podremos hacernos una idea de la situación al completo.

Como si vivieran en mundos distintos, los ensayos y los pensadores más influyentes sobre finanzas, economía y estrategia corporativa ignoran la sostenibilidad, y viceversa: las obras más importantes sobre sostenibilidad carecen de referencias válidas o conocimientos sobre negocios, finanzas o economía. Es un caso trágico de tribalismo intelectual y espiritual.

Tendiendo puentes

Con esto en mente, hace poco releí Los límites del crecimiento, un rompedor informe sobre el pensamiento sistémico.

A petición del Club de Roma, este texto publicado en 1972, y actualizado en 1992 y en 2012, ha inspirado a muchas personas dentro del movimiento por la sostenibilidad, a pesar de no haber tenido ningún efecto tangible en el sistema económico global. Sin embargo, a medida que lo releía me fui dando cuenta de la escasez de menciones a las finanzas o la inversión. Incluso los mejores pensadores en dinámica de sistemas tienen prejuicios y puntos ciegos.

No entendemos el sistema que hemos construido ni nuestro impacto en él

No es que sea algo intencionado, o al menos no necesariamente; simplemente no entendemos el sistema que hemos construido ni nuestro impacto en él. El físico, teórico de sistemas y concienciadísimo ecologista Fritjof Capra cree que necesitamos una nueva manera de contemplar el mundo:

"Cuantas más vueltas demos a los principales problemas de nuestro tiempo, más claro nos quedará que no pueden entenderse por separado. Son problemas sistémicos, por lo que están interconectados y son interdependientes. [...] En última instancia, debemos analizar estos problemas como si fueran diferentes aspectos de una única crisis, que, en esencia, es una crisis de percepción".

A pesar de conocer las "tragedias" de Garrett Hardin y Mark Carney (de los bienes comunales y del horizonte, respectivamente), he acabado por ser de la opinión de Capra, que habla de una tragedia mayor, más extendida y perniciosa: la de la percepción.

La macrogestión y el cambio del sistema

El pensamiento sistémico es el único punto de partida válido para tratar de resolver las crisis social, medioambiental y climática del planeta. Están íntimamente relacionadas y dejan claro por qué nos hemos obsesionado especialmente con lo que ahora denominamos "macrogestión".

En mi opinión, la macrogestión es el único modo de que las finanzas puedan ser sostenibles o, incluso, para que puedan considerarse siquiera responsables.

Nuestro CEO, Mark Versey, explica en detalle a qué nos referimos en el artículo Redefining stewardship3 . En esencia, significa adoptar una perspectiva más integral hacia las responsabilidades de gestión y entablar un diálogo activo con los responsables políticos, las entidades y otras empresas del sector, los reguladores, los creadores de estándares y otras partes influyentes para exigir cambios que ayuden a crear un sistema económico más sostenible.

Si la macrogestión se combina con la microgestión (el diálogo activo con las empresas) y con las asignaciones de capital, puede cambiar las cosas de verdad. Todos nosotros debemos empezar a apoyarnos en los demás y empatizar con ellos, y priorizar la sostenibilidad en cada una de nuestras iniciativas.

Tenemos que cooperar para construir un futuro más sostenible. Si no, perderemos el enorme progreso conseguido gracias a la economía y las finanzas desde la revolución industrial. En otras palabras: presenciaremos un colapso del sistema que destruirá la civilización tal y como la conocemos.

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