En 2026, un gran volumen de capital compite por un número limitado de activos de infraestructura realmente viables, mientras la inestabilidad geopolítica redefine los mercados energéticos. Darryl Murphy, director de infraestructuras, analiza las implicaciones para los inversores.
Lea este artículo para comprender:
- El impacto de las limitaciones de ejecución en el flujo de operaciones
- Cómo los acontecimientos en Oriente Medio están redefiniendo la transición energética europea
- Por qué en 2026 todo dependerá de la capacidad ejecución
Los inversores en infraestructuras europeas se enfrentan a una nueva realidad en 2026. El volumen de operaciones ha descendido ligeramente respecto a los máximos históricos de 2025, y no por falta de financiación. De hecho, nunca ha habido tanto capital disponible para invertir en proyectos de infraestructura.
Al mismo tiempo, la geopolítica ha vuelto a ser un tema central, reforzando el atractivo de inversión de muchos proyectos. La guerra en Oriente Medio y la interrupción del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz han dado un nuevo impulso a la transición energética europea, poniendo de nuevo el foco en la seguridad del suministro y la fiabilidad del sistema.
Sin embargo, cada vez hay menos activos que puedan materializarse realmente: las limitaciones de ejecución se han convertido en el factor que define el mercado. Para los inversores en infraestructuras, la rentabilidad nunca había estado tan ligada a la capacidad de sortear cuellos de botella y garantizar la ejecución de los proyectos.
Abundancia de capital
Los responsables políticos europeos han mostrado claramente su apertura al capital privado. Las listas de proyectos transfronterizos, los mecanismos de financiación de la UE y diversas iniciativas nacionales subrayan la importancia de atraer a los inversores institucionales.1
Los inversores han respondido con fuerza a esta apertura: desde bancos comerciales hasta inversores institucionales, pasando por el crédito privado y el capital soberano. Como resultado, las infraestructuras europeas cuentan con una abundancia de capital amplia y diversificada. La captación de fondos repuntó con intensidad en 2025 y continúa siendo positiva en 2026, situando a las infraestructuras entre los activos alternativos más destacados (véase la figura 1).2
Figura 1: Net allocation intentions by asset class (per cent)
Source: Aviva Investors. Data as of October 2025.
Argumentos a favor de la inversión en redes, flexibilidad y estrategias energéticas integradas
El foco de la transición energética europea ha pasado de la generación de energía a la optimización del sistema en su conjunto.
Aproximadamente la mitad de los proyectos energéticos prioritarios de la UE se centran ahora en redes eléctricas e inteligentes
Desde 2022, la inversión en energías renovables ha reducido de forma significativa la exposición de Europa a crisis externas. Las renovables generaron alrededor de la mitad de la electricidad de la UE en 2024‑2025, lo que ayudó a amortiguar el impacto económico de la reciente volatilidad en los mercados de combustibles.3 Dada la persistente incertidumbre geopolítica, este efecto se ha convertido en un elemento estructural del sistema energético.
Sin embargo, la energía solar y eólica, aunque esenciales, han demostrado ser insuficientes. A medida que el sistema energético europeo ha evolucionado, han surgido nuevas limitaciones que explican por qué aproximadamente la mitad de los proyectos energéticos prioritarios de la UE se centran ahora en redes eléctricas e inteligentes.4
Gas natural: la garantía de seguridad de la transición
La AIE calcula que casi el 20% del suministro mundial de gas natural licuado (GNL) pasa por el estrecho de Ormuz. Su cierre efectivo ha provocado la mayor crisis de seguridad energética desde 2022, generando una fuerte volatilidad de los precios tanto en Asia como en Europa.
Europa no se enfrenta a una escasez física ya que obtiene una parte modesta de su GNL directamente de Catar, pero sigue expuesta al aumento de los precios y a la competencia de Asia por los cargamentos flexibles. Los analistas estiman que si los precios del gas se duplican, la factura de importaciones de Europa podría aumentar 100 000 millones de euros en 12 meses.5
La crisis no ha debilitado el compromiso europeo con la descarbonización; al contrario, ha dejado claro que los combustibles fósiles importados conllevan un “impuesto de volatilidad”. No obstante, también ha puesto de relieve el papel que sigue desempeñando el gas:
- Aportar flexibilidad a sistemas eléctricos dominados por renovables.
- Servir como combustible industrial y de calefacción durante la transición.
- Actuar como red de seguridad para garantizar el suministro en situaciones de crisis.
Para los inversores, el mensaje es matizado: el gas no es un activo de crecimiento, pero sigue siendo fundamental para la gestión del riesgo y la seguridad durante la compleja fase intermedia de la transición energética.
Falta de ejecución
A pesar del impulso de los responsables políticos para atraer capital privado a los proyectos de infraestructura, las instituciones responsables de llevarlos a cabo tales como autoridades de planificación, organismos reguladores y operadores de red, cuentan con recursos muy limitados.
Europa no sufre un déficit de financiación, sino un déficit de proyectos listos para ejecutarse
Esta asimetría puede generar retrasos significativos en la concesión de permisos y en las conexiones. Las perspectivas del mercado señalan inequívocamente que la complejidad normativa, los retrasos en la planificación, las limitaciones de la red y los cuellos de botella en la cadena de suministro están provocando que las transacciones se prolonguen y, con mayor frecuencia, se abandonen incluso en fases avanzadas del proceso de licitación.
Como consecuencia, la actividad de operaciones en 2026 se sitúa ligeramente por debajo del máximo histórico alcanzado en 2025. Este dato refleja fricción, no desinterés. Europa no sufre un déficit de financiación, sino un déficit de proyectos listos para ejecutarse.
La viabilidad de los proyectos es esencial
El resultado de esta fricción es un mercado que avanza a dos velocidades.
Las estrategias basadas en nuevos proyectos de gran envergadura y orientados al crecimiento (centradas en la inversión a largo plazo, la reforma estructural y la sostenibilidad) requieren ahora una ventaja competitiva clara para obtener aprobación.
En cambio, los activos ya existentes y los contratados (proyectos estructurados para minimizar riesgos mediante acuerdos a largo plazo y legalmente vinculantes) continúan registrando actividad transaccional. Esto está intensificando la competencia y elevando los precios de los activos contratados sin riesgo.
Esta brecha ha generado un círculo vicioso: el capital persigue un número cada vez menor de proyectos viables, lo que impulsa los precios al alza; esos precios más altos aumentan el escrutinio público y dificultan aún más la obtención de permisos, por lo que muy pocos proyectos logran salir adelante.
En este contexto, la capacidad de ejecución, ya sea para obtener permisos, acceder a la red o asegurar proveedores, se ha convertido en una de las principales fuentes de rentabilidad.
Nuevas áreas de inversión
Las limitaciones actuales también están empujando a los inversores a buscar nuevas oportunidades realmente viables.
Las redes se han convertido en un punto crítico que limita el sistema, pero precisamente por ello son ahora un foco prioritario para la inversión. La prioridad que Europa otorga a la electrificación y a las redes inteligentes impulsa las inversiones en activos regulados (como las redes eléctricas), en programas de capital a largo plazo y en estrategias vinculadas a la red, incluidas las tecnologías de refuerzo y optimización. La falta de alternativas convierte estos activos en recursos escasos y, por tanto, especialmente apreciados por los inversores que pueden acceder a ellos.
Las redes se han convertido en un punto crítico que limita el sistema, pero precisamente por ello son ahora un foco prioritario para la inversión
En este contexto, los inversores están explorando proyectos en redes de transmisión y distribución, interconectores y redes marítimas, almacenamiento y flexibilidad, así como infraestructura de control y monitorización digital.
También se están desplazando a lo largo de la cadena de valor, desde plataformas de desarrollo (servicios y herramientas con los que las empresas desarrollan, implementan y gestionan infraestructura) hasta activos operativos que pertenecían a terceros.
Intersección entre energía y datos
Las limitaciones de suministro son especialmente visibles en los centros de datos. La demanda impulsada por la IA continúa creciendo, pero la expansión se ve cada vez más condicionada por cuellos de botella físicos (acceso a la red, disponibilidad de equipos y plazos de conexión), sobre todo en los principales centros energéticos.6
Esto refuerza el argumento a favor del gas y otras soluciones de flexibilidad temporal mientras se amplían las redes y el almacenamiento. Al mismo tiempo, los centros de datos están convirtiéndose en puntos clave tanto de la infraestructura energética como de la digital, lo que fortalece aún más los argumentos a favor de invertir en redes y en estrategias energéticas integradas.
Estrategias para las infraestructuras europeas en 2026
El mercado europeo de infraestructuras no se está enfriando; se está profesionalizando. Contamos con capital abundante, una ambición política elevada y una transición energética cada vez más integrada en la agenda de seguridad. Sin embargo, la capacidad de ejecución se ha convertido en el recurso limitante.
Esto implica que, en 2026, ya no bastará con aportar capital. La rentabilidad dependerá de la capacidad de transformar la ambición política en proyectos ejecutados. En este contexto, destacan cinco principios para los inversores: