¿Cómo pueden los inversores adecuar sus asignaciones de crédito a los compromisos de cero emisiones netas de carbono sin renunciar a la rentabilidad?
Lea este artículo para comprender:
- Cómo la integración de una perspectiva climática en una cartera “core” puede ayudar a equilibrar los objetivos climáticos y de rentabilidad
- La importancia de mantener un universo de inversión amplio
- Las herramientas y enfoques fundamentales para construir carteras sólidas a largo plazo
Las carteras de la mayoría de los inversores institucionales cuentan con asignaciones significativas al crédito corporativo, vinculadas a objetivos financieros. Conforme desarrollen y apliquen planes de transición, sus inversiones deberán seguir generando rentabilidad y, al mismo tiempo, deberán acreditar de forma creíble que están alineadas con la descarbonización, lo que supone todo un reto.
En los años inmediatamente posteriores a la pandemia de COVID, las inversiones bajas en carbono registraban un buen comportamiento; no parecía haber una disyuntiva entre sostenibilidad y rentabilidad sólida. Sin embargo, a partir de 2022, el aumento de la inflación y la crisis energética supusieron un punto de inflexión. Los sectores con más emisiones, como el energético o el industrial, registraron unos resultados superiores, mientras que muchas carteras bajas en carbono quedaron rezagadas, ya que estaban sobreexpuestas a sectores con peor comportamiento, como ocurrió con las energías renovables.
La percepción de una disyuntiva entre las inversiones bajas en carbono y la rentabilidad se hizo más palpable. La pérdida de confianza de algunos inversores, unida a la politización en el ámbito ESG, redujo en general los compromisos públicos con las inversiones bajas en carbono.
Sin embargo, esta idea de que existe una disyuntiva evidencia un enfoque de implementación restrictivo, más que una limitación inherente. Un marco más amplio y flexible puede mitigar sus efectos.
Además, la introducción de requisitos climáticos más estrictos en algunas jurisdicciones está llevando a los inversores a centrarse más activamente en el perfil climático de sus carteras. Según investigaciones recientes, los flujos anuales de financiación climática aumentaron, de media, un 26% entre 2021 y 2023, lo que contrasta con el crecimiento del 8% registrado entre 2018 y 2020. Si se mantiene, esta trayectoria podría incrementar los flujos anuales desde los bajos niveles actuales de billones de dólares hasta unos 6 billones de dólares anuales para 2028 (véase la figura 1)1.
La tendencia apunta a una adopción de planes de transición creíbles, una mejor divulgación de información y la alineación con los estándares globales. Esto está llevando a los inversores a centrarse más en cómo equilibrar las expectativas regulatorias, la aspiración de lograr las cero emisiones netas y los objetivos de rentabilidad a largo plazo.
Figura 1: Global climate finance flows, 2018-2023 (USD billion)
Source: Aviva Investors, Climate Policy Initiative. Data as of 23 June 2025.
En esta coyuntura, los titulares de activos precisan herramientas prácticas para evaluar la credibilidad de los planes de transición de las empresas. Asimismo, necesitan estrategias de inversión que equilibren la sensibilidad al índice de referencia, la liquidez, y los resultados de transición y rentabilidad a largo plazo.
En nuestra opinión, lograr esto no es imposible. Tomemos como ejemplo nuestro enfoque del crédito climático: exponemos los elementos clave que pueden permitir que una cartera alcance el objetivo de cero emisiones netas, al tiempo que se mantiene un perfil de rentabilidad “core” de grado de inversión.
Integrar una perspectiva climática en una cartera “core”
Para hallar el equilibrio entre los objetivos de rentabilidad y climáticos, lo primero es aplicar una perspectiva climática a toda la cartera “core” de grado de inversión, en lugar de tratarla como un planteamiento complementario. Después, adoptamos un enfoque sofisticado para preservar la diversificación y minimizar los sesgos sectoriales estructurales.
En todos los sectores de la economía, encontramos empresas que están mejor preparadas para la transición hacia la neutralidad de carbono
Fundamentalmente, esta estrategia implica reconocer que, en todos los sectores de la economía, algunas empresas están mejor preparadas para la transición hacia la neutralidad de carbono y tienen una mayor resiliencia a los efectos del cambio climático que otras. Aplicar este filtro de “preparación” ante los retos climáticos en todos los sectores nos permite acceder a oportunidades en todo el universo de renta fija.
Un análisis crediticio fundamental dentro de este universo permitirá identificar empresas que también puedan generar rentabilidades sólidas. La incorporación de una gestión activa y un proceso riguroso de construcción de carteras puede ayudar a la cartera a generar rentabilidades competitivas, incluso frente a un índice no filtrado.
Mantener un amplio conjunto de oportunidades
El desarrollo de un universo de inversión amplio y diversificado es crucial para construir una asignación sólida.
En primer lugar, para contribuir a esto y mantener la integridad de la asignación desde un punto de vista climático, hemos diseñado una hoja de ruta de transición, con objetivos y plazos concretos dentro de un marco de inversión claramente definido. Esta estrategia también puede ayudarnos a decidir con qué empresas implicarse y cómo apoyarlas en su transición hacia la neutralidad de carbono.
Al centrarnos en los modelos de negocio de las empresas, no tenemos que limitar nuestras inversiones a los bonos con etiqueta (como los bonos verdes, sostenibles o vinculados a la sostenibilidad). En su lugar, identificamos aquellas empresas que están descarbonizando todas sus operaciones y que gestionan de forma eficiente sus riesgos climáticos. Esto nos brinda la posibilidad de seleccionar inversiones dentro de un conjunto de oportunidades mucho más amplio (véase la figura 2).
Este enfoque se sustenta en nuestro modelo de riesgo climático. Por otro lado, evaluamos los riesgos de transición desde una perspectiva descendente en 159 sectores. A continuación, en cada sector, evaluamos a los emisores individuales en función de la información publicada y los objetivos de reducción del carbono, su estrategia y gobernanza climáticas, su medición del riesgo climático y el análisis de escenarios, así como sus inversiones en activos fijos.
Figura 2: GSS bonds as a share of the global fixed income market
Source: Aviva Investors, Mordor Intelligence, CBI. Data as of 31 December 2025.
De esta forma, se garantiza la conformidad con los estándares del ISSB y otros similares, y se construye un universo de inversión diversificado. Asimismo, nos permite identificar oportunidades en sectores que, a menudo, las estrategias sostenibles convencionales pasan por alto. Entre estos sectores se incluyen aquellos intensivos en carbono, en los que, en nuestra opinión, las empresas que lideran la transición pueden ofrecer tanto resiliencia como potencial de rentabilidad.
Consideramos que las empresas que lideran la transición pueden ofrecer tanto resiliencia como potencial de rentabilidad
Es el caso del sector químico que, por lo general, se considera incompatible con la inversión sostenible debido a sus procesos de producción son intensivos en carbono, su dependencia de materias primas derivadas de combustibles fósiles y su exposición a sustancias peligrosas. Sin embargo, nuestro análisis destaca que algunas empresas químicas especializadas facilitan la transición. En mercados “core” finales, como el agua municipal, petróleo y gas, minería y procesos industriales, las soluciones químicas avanzadas pueden reducir considerablemente el consumo de agua, mejorar la eficiencia energética y reducir la intensidad de las emisiones.
Desde el punto de vista de la inversión, los riesgos climáticos, como el endurecimiento de los reglamentos sobre productos químicos peligrosos, la escasez de agua y la evolución de los estándares medioambientales, no son solo obstáculos. También impulsan activamente la inversión en activos fijos, la innovación de productos y la transición hacia recursos más sostenibles, lo que puede generar presiones de costes a corto plazo, pero también favorecer el crecimiento y los fundamentales crediticios a largo plazo.
En este contexto, evaluar la alineación de la transición exige un enfoque prospectivo e individualizado para cada empresa, centrado en la innovación, la ejecución y los resultados financieros. Esto no solo favorece el perfil de riesgo y rentabilidad a largo plazo de una cartera, sino que también constituye una forma más sólida de cumplir los requisitos climáticos regulatorios y los compromisos de cero emisiones netas.
Identificar las principales fuentes de rentabilidad
El siguiente paso es reforzar el perfil de riesgo y rentabilidad a largo plazo de la cartera a través de múltiples fuentes de rentabilidad. Disponemos de varias herramientas para lograrlo.
Una de ellas consiste en adoptar un enfoque descendente para optimizar la duración activa y la beta de crédito de la cartera, es decir, captar la rentabilidad del mercado. Sin embargo, para evitar una dependencia excesiva de la evolución de los diferenciales de crédito, creemos que un proceso sólido de construcción de carteras (especialmente en torno a sectores y curvas) puede mejorar no solo la eficiencia, sino también la resiliencia de la cartera2.
Aunque la eficiencia busca maximizar la rentabilidad mediante una asignación óptima del riesgo en todo el universo de crédito, tiene un carácter retrospectivo, suele asumir condiciones de mercado normales y puede dejar las carteras expuestas en entornos de aversión al riesgo.
Por su parte, la resiliencia va más allá de la volatilidad histórica. Consideramos factores como el potencial de reversión a la media (es decir, la posibilidad de que el precio de un activo regrese a su media a largo plazo tras una fuerte subida o caída), y la probabilidad de plusvalías o pérdidas de capital en escenarios de tensión. Esto nos ofrece una visión más exhaustiva y respalda la construcción de carteras capaces de resistir mejor las crisis y recuperarse con mayor eficacia (véase la figura 3).
Asimismo, tratamos de compensar algunas infraponderaciones sectoriales naturales derivadas de la aplicación de una perspectiva climática, como la del sector energético. Por ejemplo, utilizamos análisis de correlación y optimizaciones de cartera para reducir el riesgo de obtener una rentabilidad inferior cuando se produzca un repunte en el sector energético.
Figura 3: Calculating resilience
For Illustrative purposes only.
Source: Aviva Investors, as of December 2025.
Nuestra segunda herramienta es la selección ascendente de emisores para captar alfa, es decir, rentabilidades superiores a las del índice de referencia. En el entorno actual de diferenciales comprimidos y perfiles de riesgo cada vez más asimétricos, adoptamos un enfoque disciplinado y de alta convicción para la selección de emisores y valores, respaldado por un análisis fundamental sólido, orientado al valor y prospectivo. De esta forma, podemos identificar emisores cuya solvencia está mejorando y para los que existen claros catalizadores de revalorización.
También puede resultar tentador incorporar una proporción significativa de bonos de alto rendimiento para generar alfa, pero dado que también conllevan un mayor riesgo, los inversores deben limitar razonablemente este tipo de inversiones. Nos centramos en una selección cuidadosa de “estrellas emergentes” y emisores impulsados por catalizadores, es decir, emisores de bonos cuyo precio puede verse significativamente afectado por un acontecimiento o anuncio específico.
De forma más general, nos marcamos como objetivo mejorar los resultados de la cartera mediante la rotación entre oportunidades con perfiles comparables de eficiencia y resiliencia, en lugar de aumentar de forma continua el riesgo global. Este enfoque favorece una rentabilidad más consistente a lo largo de los distintos ciclos de mercado.
Además, las asignaciones que integran consideraciones climáticas pueden posicionarse para aprovechar las ineficiencias de mercado derivadas de la transición hacia la neutralidad de carbono.
Por lo general, los mercados de crédito tienen dificultades para valorar riesgos a largo plazo y no lineales, como el cambio climático
Por lo general, los mercados de crédito tienen dificultades para valorar riesgos a largo plazo y no lineales, como el cambio climático. Al identificar de forma temprana a las empresas que lideran la transición dentro de los distintos sectores de la economía, podemos exponernos a bonos que consideramos infravalorados y a emisores que, a nuestro juicio, están mejor posicionados para alcanzar las cero emisiones netas. En nuestra opinión, estos activos pueden obtener una rentabilidad superior a largo plazo, cuando los mercados mejoren su capacidad para valorar la transición.
Del mismo modo, un análisis fundamental exhaustivo de los emisores que ofrecen soluciones de mitigación y adaptación al cambio climático nos permite identificar empresas que ofrecen una prima por complejidad y empresas más protegidas frente a las tendencias cíclicas.
Incorporar protección frente a caídas
La protección frente a caídas es un componente esencial en cualquier proceso bien planteado de construcción de carteras. Esto incluye diversificar activamente nuestra exposición al riesgo entre bonos con vencimientos más cortos y más largos, así como aplicar coberturas selectivas para proteger la cartera frente a condiciones de mercado adversas (véase la figura 4)3.
Igual de importante es ser consciente de los riesgos específicos y decidir qué bonos conviene evitar, ya que también puede contribuir a obtener una rentabilidad superior. Por ejemplo, las empresas que pasan por alto la transición hacia una economía con bajas emisiones de carbono pueden enfrentarse de forma repentina a multas regulatorias, impuestos sobre el carbono, disrupciones en su modelo de negocio u obsolescencia. Esto también aumentará el riesgo de que se conviertan en “ángeles caídos”, es decir, que su calificación se rebaje de grado de inversión a alto rendimiento.
Figura 4: The proportion of issuers with Fitch Ratings climate vulnerability scores above 45 increases from two per cent in 2025 to almost 30 per cent in 2050
Source: Aviva Investors, Fitch Ratings. Data as of 8 March 2023.
La experiencia reciente pone de manifiesto estos riesgos. Un análisis de Charles River Associates concluyó que, entre 2020 y 2024, S&P rebajó unas 100 calificaciones crediticias de empresas de servicios públicos, debido en gran parte a riesgos de incendios forestales y fenómenos meteorológicos extremos inducidos por el clima en algunas zonas de EE. UU.4 Por su parte, Fitch estimó en 2024 que el 20% de los emisores corporativos que califica podrían ver su calificación rebajada para 2035 debido a riesgos relacionados con el clima5.
Al integrar consideraciones climáticas prospectivas en el análisis crediticio, los inversores pueden evitar emisores que puedan experimentar este tipo de rebajas antes de que ese riesgo se refleje plenamente en los diferenciales.
Asimismo, pretendemos proteger la rentabilidad mediante un enfoque táctico basado en la valoración de los bonos con etiqueta. Algunos de estos bonos incorporan un “greenium”, es decir, una prima que los inversores pagan por la etiqueta. Al centrarnos en el modelo de negocio íntegro de los emisores, podemos seleccionar aquellas empresas que se ajustan a nuestra ambición climática y, posteriormente, decidir si comprar sus bonos estándar o los que cuentan con una etiqueta, en función del precio del “greenium”. Esto nos permite evitar sacrificar rentabilidad por invertir en una etiqueta.
Complementar la inversión con la implicación
Además de unas prácticas de inversión deliberadas, la implicación activa puede ayudar a que una cartera avance hacia las cero emisiones netas, influyendo en los planes de transición, la asignación de capital y las trayectorias de emisiones de los emisores, lo que mejora la rentabilidad de la inversión a largo plazo y su repercusión en el mundo real.
Conviene señalar que los titulares de bonos desempeñan un papel distintivo en estos procesos de implicación
Por ejemplo, en nuestro programa de compromiso específico, pedimos a los emisores que definan objetivos a corto plazo y de cero emisiones netas basados en la ciencia, y que utilicen calificaciones sectoriales como las de CDP (anteriormente, Carbon Disclosure Project). Cuando existen obstáculos, tratamos de explorar alternativas viables para impulsar el progreso de las empresas hacia las cero emisiones netas. Esto, a su vez, puede mejorar con el tiempo el perfil de riesgo y rentabilidad de una cartera.
Conviene señalar que los titulares de bonos desempeñan un papel distintivo en estos procesos de implicación. Pueden expresar sus puntos de vista en cada emisión de bonos, que, con frecuencia, tiene lugar varias veces al año. Además, tienen una oportunidad única de interactuar con emisores en los que la influencia de los accionistas es limitada, incluidas empresas privadas y empresas de servicios públicos gubernamentales o controladas por el Estado. Muchas de ellas se cuentan entre los mayores emisores mundiales de carbono y dependen en gran medida de la deuda para financiar su inversión en activos fijos. Al interactuar con ellas, tenemos la oportunidad de impulsar cambios significativos en el mundo real, al tiempo que gestionamos el riesgo de crédito a largo plazo.
Reflejar la economía real
Cada vez más autoridades reguladoras están adoptando estándares internacionales —aunque con ajustes para adaptarlo al contexto local— y las empresas cumplen cada vez más los requisitos de transición. En esta coyuntura, consideramos que ha llegado el momento de que las asignaciones “core” de renta fija incorporen un enfoque climático amplio y bien planteado.
Junto con la gestión activa y una construcción de carteras disciplinada, este enfoque puede permitir a los inversores de bonos apoyar la transición sin caer en sesgos sectoriales inadecuados ni en una simple “compra de etiquetas”, que puede traducirse en una rentabilidad inferior.
Referencia
- Baysa Naran et al., “Global landscape of climate finance 2025”, Climate Policy Initiative, 23 de junio de 2025.
- “Más allá de la eficiencia: Hacia carteras de inversión resilientes”, Aviva Investors, 8 de diciembre de 2025.
- “Climate Risk-Related Downgrade May Affect 20% of Global Corporates by 2035”, Fitch Ratings, 8 de marzo de 2023.
- Andrew Dressel, “Nearly 100 utilities’ credit ratings downgraded since 2020 as wildfire risks grow”, Charles River Associates, 4 de noviembre de 2024.
- James Langton, “Climate-driven downgrade risks rise: Fitch”, Investment Executive, 28 de agosto de 2024.